Horizontes


“La mayoría de los viajeros tiene una visión superficial de los países que visitan. Los viajeros pasivos tienen un sentimiento de opacidad. Para ellos todos los paisajes son lo mismo, excepto, quizá, aquellos que están destacados en su guía de viajes. Son incapaces de detectar la increíble diversidad de paisajes y, en especial, el complejo sistema de vidas humanas de cada país.

¿Cómo descubrir la vida más profunda de cada país y adquirir un alma exploradora capaz de reconocer las particularidades de cada paisaje y entender su pasado? Esto es lo que estaremos buscando mientras viajamos con una mente alerta.”

Pierre Deffontaines: Petit guide du voyageur actif, Paris, Presses D’Ile de France, 1980.


Porque podemos viajar cada vez más rápido, nos volvemos “viajeros” pasivos. Tratemos de ser exploradores activos con ganas de aprender y entender, documentados, entrenados y bien equipados antes de la partida.

Como Pierre Deffontaines propuso, entrenémonos para “viajar de los pies a la cabeza”.

El viaje activo comienza con el deseo de descubrir cómo son las cosas en otros lugares, romper con nuestra rutina, abrir nuestros ojos, oídos y corazón al mundo y a la humanidad. Algunos cargan sus vidas con ellos, se mueven pero no viajan, no cambian sus formas o se aventuran a salir del camino más transitado, mientras que otros “sacan agua del manantial del mundo”.

Tomar contacto con: un paisaje mirándolo desde un lugar más alto; con una ciudad caminándola o recorriéndola en tranvía o un autobús de línea; con un área particular (la playa, el mercado, el parque industrial) observando cómo funcionan.

Explorar metódicamente: de acuerdo a los objetivos e intereses de uno, planeando ya sea un viaje de una hora, o uno de varios días.

Hacer contactos: rompiendo el hielo preguntando por cierta información o pidiendo una autorización, buscando el diálogo (sin imponerse a sí mismo), sacando provecho de situaciones imprevistas; hablando, además,  sobre el país de uno; explicando por qué queremos tormar una fotografía, etc.

Campos de observación

  • El entorno: tipo de paisaje, nombres de los pueblos y lugares, una tierra que los granjeros han construido en un país…
  • El terreno: plano, con colinas, montañoso, con aspectos particulares…
  • La costa: irregular o no, playas o acantilados, mareas, estuarios…
  • El suelo: color, consistencia, variaciones…
  • El clima: sus consecuencias en cómo vive la gente…
  • La distribución del agua: lagos, valles, lagunas, pantanos, manantiales…
  • La vida humana
    • Habitat: rural, urbano, antiguo, moderno, etc. y qué te dice sobre cómo vive la gente…
    • Asentamiento: cómo los pueblos y las ciudades se asentaron, qué cambios visibles hay a lo largo del tiempo, qué dice esto sobre la relación entre la gente…
    • Los lugares claves dentro de la ciudad o el pueblo: Castillo, iglesia, cementerio, monumento de Guerra, centro de la ciudad, escuelas, Mercado, área comercial, parque industrial, área recreativa…
    • Los “personajes” locales típicos: pescador o granjero? Actividad particular…
    • Tradiciones y comidas…
    • Principales rutas de comunicación y medios de comunicación…
  • Trabajo humano: Obviamente es muy diferente según el lugar. Sin embargo, qué podemos observar desde lo que sabemos sobre la situación geográfica, económica, demográfica…
  • Cambios y peleas: El paisaje mantiene registro o cicatrices de los cambios geológicos, humanos e históricos. Estos registros nos hablan de la vida de la tierra y de la vida humana…

Un proyecto emocionante

El viaje activo es, por lo tanto, un estado de ánimo y un método de observación. Podemos adoptar este esquema bastante rápido y se convierte un acto reflejo enriqueciendo nuestro viaje.

Vivido desde este perspectiva, un viaje puede ser una aventura y un proyecto emocionantes que apunte a descubrir nuevos horizontes y nuevas culturas. Puedes estar deseando alcanzar la cima del mundo pero puede ser igual de emocionante explorar una región de tu país que nunca has visitado. El viaje activo puede adaptarse a cualquier presupuesto porque requiere medios de transporte lentos y poco costosos: caminar o andar en bicicleta. Atravesar un país en avión o conduciendo en una autopista a alta velocidad son la manera más segura de no ver nada. El verdadero descubrimiento requiere la lentitud del caminar o la bici, lo que nos lleva directo al contacto con la naturaleza y nos abre oportunidades para conocer gente.

El viaje activo es a menudo el primer paso para el desarrollo de un proceso educativo: donde exploramos la realidad. Si la exploración ha sido exitosa, volvemos con muchos descubrimientos que enriquecen nuestra manera de considerar y entender la realidad. Luego, comienza un segundo paso: reflexionar y analizar. El paso donde desarrollamos un sentimiento de empatía y participación. Nos sentimos cerca de la gente que hemos conocido y que están peleando por una vida mejor: esa gente joven de una villa Africana tratando de crear un pequeño negocio o esos granjeros de un área lejana trabajando una tierra difícil. Nos preguntamos cómo podríamos ayudarlos; luego una idea surge naturalmente que puede contribuir a resolver algunos de los problemas hallados.

Ahora el ciclo del aprendizaje activo está abierto: explorar, responder, tomar acción. Aquí comienza la verdadera aventura: el viaje activo es la puerta que se abre a docenas de proyectos en el campo del medio ambiente, cultura y expresión, servicio social, solidaridad internacional, iniciativas y empleo, apoyo y compromiso político.


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