Archivos para 9 febrero 2012

¿Qué es el género?


Harriet Bjerrum Nielsen, profesora en el Centro para la investigación del Género  Universidad de Oslo. Diciembre de 201

 
Hace algunas semanas, Indaba-Network publicó un artículo sobre el Género y los prejuicios ligados al género que ha generado grandes discusiones. Hoy, Harriet Bjerrum Nielsen, profesora en el Centro para la investigación sobre el género  de la Universidad de Oslo, nos ha contado más acerca del género. Esperamos que esto clarifique nuestro debate y anime a los grupos de jóvenes a luchar contra los prejuicios basados en el género y a comprometerse en la lucha por la igualdad entre sexos.

 ¿Qué es el género?

Chicas y chicos, mujeres y hombres, ¡claro! Ciertamente, ¿pero es tan simple? No todas las mujeres son iguales, ni tampoco los hombres. Hay diferentes formas de ser y comportarse que no coinciden con la diferencia de género. También es una constante que los hombres y mujeres pueden aparecer y comportarse de forma que no coincida con las diferentes expectativas culturales de lo que se considera como apropiado con las clasificaciones biológicas. Así que ¿hasta qué punto el género depende del cuerpo, de la forma de presentarse – o de la mirada del espectador? La pregunta se plantea porque el género tiene muchas facetas. Es una dimensión del cuerpo y de la reproducción física, de las identidades individuales y de la experiencia personal, de las relaciones sociales y de la interacción cotidiana. El género está en el centro de las divisiones del trabajo, de la estructuración de instituciones como las familias, las escuelas, los mercados y los Estados. Por último, pero no por ello menos importante, también es un marco de interpretación pujante que se impone en nuestras mentes y nos lleva a realizar dicotomías jerárquicas en diferencias que realmente están mucho más diversamente distribuidas. Las dimensiones personal, simbólica, social y estructural de género están profundamente imbricadas con otras líneas de diferencia y desigualdad, como la edad, la sexualidad, la clase social, la nacionalidad, y el etnicismo racializado. Estas imbricaciones contribuyen a elaborar la organización, la importancia, y la significación del género en los contextos específicos.

El género como categoría y como distribución

Una fuente de confusión es que el género como concepto se usa para significar dos cosas bastante diferentes: una diferencia categórica (es decir “o esto… o lo otro”) y una diferencia distribucional o estadística (es decir, “más o menos de algo”). La única característica observable ligada al género que se a próxima a una categoría dicotómica – a menudo nombrada como el núcleo del sexo biológico – es la diferencia genital. Todas las otras dimensiones del género – tanto si son biológicas (el nivel de hormonas, atributos sexuales secundarios, estructura del cerebro, rendimientos motrices), psicológico (diferencias en las motivaciones o las capacidades cognoscitivas) o de comportamiento (diferencias en las preferencias, y maneras de ser y comportarse) – implican una variación compleja, pero no de dicotomía. En la mayoría de los casos la variación dentro de cada grupo del mismo género es más grande que la diferencia media entre los dos grupos. Así, casi todas las diferencias de género son distribucionales en lugar de dicotómicas o categóricas. La mayor parte de los rasgos del género parecen estar socialmente influenciados y ser cambiantes con el tiempo, y no son elementos específicos y unidimensionales de la persona. Un muchacho o una muchacha pueden ser “típicos” en algunos aspectos y “atípicos” en otros. Así que, ¿cuál es el género si lo que nosotros consideramos como rasgos “masculinos” o “femeninos” puede encontrarse tanto en las chicas como en los chicos? Son preguntas como éstas las que han llevado a investigadores especializados en el género a concluir que las divisiones y jerarquías de género no provienen de la diferencia entre las mujeres y hombres. Es más bien lo contrario: cuando el género se construye como una diferencia, la variación empírica en sus numerosas dimensiones se reducen a una simple dicotomía (Magnusson y Marecek 2012).

Esto no significa que los modelos de comportamiento ligados al género sean un espejismo o que los modelos que existen no tengan ningún tipo de base biológica (aun cuando no sepamos cual es exactamente esa base). El punto es que no hay ninguna conexión clara o directa entre las dimensiones cuasi-dicotómicas del sexo biológico y la naturaleza compleja, multidimensional y dependiente del contexto de las diferencias de género. Los modelos de género -con o sin una base biológica- toman forma a partir de normas y expectativas culturales sobre lo que está considerado como típicamente femenino y típicamente masculino. En lugar de repetirse argumentos que involucran la determinación más o menos biológica, Simone de Beauvoir y Toril Moi han sugerido considerar el cuerpo como un elemento de nuestra situación en el mundo. Ese cuerpo, con el que he nacido, significa una determinada cosa -como significaría algo diferente si hubiese nacido con un brazo u ojos en el cuello- pero lo que significa depende de la interpretación que se le de en una cultura y sociedad dadas, y depende también de mis propias acciones. La biología no tiene ningún significado en sí misma.

Los modelos del género

Los modelos de género, tal y cómo están distribuidos, se sitúan a la vez a nivel estructural, simbólico y personal, aunque pueden variar a la vez entre y en el seno de las sociedades y los contextos sociales. Las culturas diferentes tienen normas diferentes para definir la masculinidad y la feminidad deseables. A menudo, sin embargo, en el seno de una misma cultura pueden coexistir varias maneras de poder ser masculino o femenino. Las diferentes clases sociales, las edades y los grupos étnicos, por ejemplo, tendrán a menudo ideas diferentes acerca de lo que son un verdadero hombre/chico real o una verdadera mujer/chica. En una sociedad concreta habrá luchas simbólicas entre esas diferentes masculinidades por ganar la hegemonía, por ejemplo ridiculizando o criticando moralmente a los unos y a los otros. Algunos se tornan dominantes, mientras otros son subordinados o marginados.

El género personal concierne a las maneras en que nos situamos frente a modelos culturales de género, cómo nos identificamos con ellos o cómo luchamos contra ellos. El género es un asunto personal y una realidad para todos y cada uno y cada una de nosotros, pero también es una dimensión de las relaciones sociales creada entre las personas y formado a través de procesos de interacción. Mientras la perspectiva individual define el género como algo que “somos”, la perspectiva interaccional da énfasis al género como algo “hacemos”. Esta perspectiva llama la atención sobre las dinámicas de poder en las construcciones sociales de sentido. El género como “hacemos” y el género como diferencia no son perspectivas mutuamente excluyentes; cuando los niños aprenden a “hacer” su género en sus familias, en las escuelas y con sus iguales, se “convierten” también en su género de una determinada manera y esto dará forma a la forma en la que responderán a situaciones sociales nuevas.

El género como el marco de interpretación

Lo qué caracteriza al género como un marco de interpretación no sólo es la tendencia a dividir y dicotomizar los fenómenos en dos grupos distintos, si no también la tendencia a leer esta dicotomía como una jerarquía: los elementos definidos como femeninos tienen tendencia a ser consideradas como secundarias e incluso inferiores a los definidos como masculinos. A esto también se llama a veces la norma masculina: los hombres y los chicos representan la norma universal de la que las mujeres y chicas se desvían. El género como marco de interpretación puede conducir a estereotipos sexuales. Éste es el caso si un modelo de distribución ligado al género se interpreta como una distinción categórica. Aquí, la variación dentro de cada de grupo y los solapamientos entre las chicas y chicos se ignoran.

Las personas tienden a menudo a creer que el sistema del género específico que cada cultura acepta es natural e biológicamente fundado. ¿Por qué tenemos esta inclinación a considerar como naturales nuestras propias normas acerca del género? Una razón podría estar relacionada con el hecho de que en todas las sociedades conocidas, el género estructural y simbólico juega un papel importante en la estabilidad de la sociedad. Cuestionar la naturalidad del sistema del género de una sociedad desafía la estabilidad, la distribución de poder y los valores de esa sociedad. La forma en que el género está estructurado es también un elemento importante de identidad cultural y personal: está por tanto muy cargada afectivamente. Pero las ideas concernientes a los tipos de género deseables pertenecen al campo normativo, no a la naturaleza. Hay un mundo de diferencia entre decir “esto es natural” y “esto me parece natural”.

Traduccion, Ginés Desiderio Navarro Aragoneses, España

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