El mundo engorda


Para las familias más acomodadas, diciembre / enero es tradicionalmente un período de exceso de comida, mientras que los millones de personas en el mundo que sufren de escasez crónica de alimentos y los millones de niños que mueren de malnutrición siguen siendo olvidados. Sin embargo, paradójicamente, las enfermedades que antes se asociaban con las sociedades opulentas y los ricos cada vez afectan más a ambos, ricos y pobres.

Una epidemia mundial

El sobrepeso y la obesidad se encuentran hoy en día entre los principales factores de riesgo para la salud en todo el mundo, causando 4 millones de muertes cada año. La obesidad se asocia a menudo con una alta tensión arterial, altos niveles de glucosa (diabetes), enfermedades cardiovasculares e insuficiencia cardiaca.

Hasta hace unas décadas, la obesidad se consideraba asociada a altos niveles socioeconómico. De hecho, a principios del siglo XX, la mayoría de las poblaciones en las que la obesidad se convirtió en un problema de salud pública se encontraban en el mundo desarrollado. Comenzando en Estados Unidos y luego extendiéndose a Europa, la obesidad se está revelando como la nueva pandemia (o epidemia mundial) del siglo XXI. Afecta a ambos sexos y a todas las edades, y tiene un impacto desproporcionado sobre los grupos más desfavorecidos. Para el año 2030, por ejemplo, más del 50 por ciento de la población adulta en EE.UU. serán obesos.

Un aumento espectacular en algunos países en desarrollo

Sin embargo, ahora los aumentos más pronunciados de la tasa de obesidad se está presentando en algunos países en vías de desarrollo. En los países pobres, en un principio los estratos socioeconómicos más altos de la población se vieron afectados en mayor medida, pero ahora el cambio se lleva a cabo desde el más alto hacia los niveles socioeconómicos más bajos. Así, mientras que el peso insuficiente sigue siendo responsable de la muerte de más de 2 millones de niños cada año, principalmente en países de baja renta per cápita, no es raro encontrar hogares con un niño desnutrido y un adulto con sobrepeso, a menudo una mujer. En 2010, la Organización Mundial de la Salud publicó que había más de 42 millones de niños menores de cinco años con sobrepeso u obesidad en el mundo; de ellos, 35 millones vivían en países en vías de desarrollo. Además, la obesidad va de la mano de la desigualdad: en cualquier país, a mayor desigualdad en el nivel de ingresos, mayor número de personas obesas.

¿Cuál es la causa?

 A largo plazo, el aumento de la obesidad reducirá la esperanza de vida en general, mientras que ya está aumentando a corto y largo plazo el coste de los sistemas de salud, llevando a estos a niveles insostenibles de gasto.

¿Cuál es la causa de este aumento catastrófico en las enfermedades crónicas y la obesidad en todo el mundo?

Si piensas que los gordos son los únicos responsables de su condición debido a su comportamiento individual, o que su obesidad no es tu problema, te equivocas.

De hecho, a nivel individual, la obesidad es básicamente la consecuencia del desequilibrio entre el consumo de energía (ejercicio físico) y la ingesta (qué y cuánto comemos): una opción personal. Sin embargo, ambos están fuertemente influidos por y dependen cada vez más de poderosos factores externos. Vamos a analizarlos brevemente.

Cambio en el sistema mundial de alimentos

El proceso de globalización ha transformado el sistema alimentario mundial: las técnicas de producción tradicionales, los hábitos de alimentación y los comportamientos han desaparecido o bien han cambiado profundamente.

La producción agrícola local se ha hecho cada vez más dependiente de ciertos recursos (tales como fertilizantes, pesticidas, semillas transgénicas) controlados a nivel mundial por poderosas multinacionales.

Para maximizar sus beneficios, estas empresas, que a menudo controlan toda la producción y ciclo de distribución, impulsan un mayor consumo de alimentos, ofreciendo amplias oportunidades para comer durante el día. Las cadenas mundiales de comida rápida están situadas estratégicamente en todas partes, ofreciendo alimentos baratos, sabrosos, ricos en azúcar, sal y grasas. El azúcar es adictivo y, posiblemente, la sal provoca la sed que empuja a la gente a consumir cantidades cada vez mayores de bebidas azucaradas que no tienen ningún valor nutricional. Los alimentos altamente procesados son comercializados de forma persistente y efectiva.

Los alimentos procesados

Las dietas globalizadas basadas en alimentos procesados de forma industrial (con azúcar, grasas, sal y potenciadores del sabor añadidos) han sustituido progresivamente las dietas tradicionales a base de alimentos de producción local, elaboradas de forma individual en casa; y son la raíz del tremendo aumento de las enfermedades crónicas y la obesidad. Otras causas concurrentes son la urbanización (con distancias reducidas y la alta disponibilidad de medios de transporte) y las nuevas tecnologías, que han revolucionado el trabajo y el entretenimiento, reduciendo drásticamente la práctica de ejercicio físico. Piensa en los niños y jóvenes sentados durante horas cada día delante del televisor o el ordenador, comiendo mientras palomitas, dulces y bebidas carbonatadas.

Además, el ciclo de producción y distribución de alimentos de elaboración industrial no es ecológicamente sostenible, e implica enormes costos ambientales, con consecuencias a largo plazo  para la salud, y efectos genéticos impredecibles.

Los residuos de alimentos

La obesidad en el mundo industrializado va de la mano del derroche de alimentos. Las sociedades ricas y opulentas también son derrochadoras. Cada año, .los consumidores de países ricos tiran a la basura  222 millones toneladas de alimentos, una cantidad que es ligeramente inferior a la producción total de alimentos netos en el África subsahariana (230 millones de toneladas), donde la desnutrición debido a la falta de alimentos sigue siendo generalizada, causando la muerte de millones de niños.

En síntesis, la obesidad es un problema mundial cada vez más grave que afecta a las poblaciones de todo el mundo; y relacionado con enfermedades, aumento de la mortalidad, una distribución injusta de los recursos y la destrucción del planeta.

Pero esta tendencia puede ser invertida: podemos hacer mucho, tanto de forma individual como a través de grupos organizados, que actúan a nivel local, nacional y mundial a través de redes adecuadas.

Invirtamos la tendencia

Empecemos por modificar nuestros hábitos alimenticios. Evitar en la medida de lo posible los alimentos procesados, por ejemplo bollería y bebidas azucaradas. Evitar la comida rápida, y no añadir azúcar a los alimentos. Aprovechar los alimentos naturales ricos en fibra, como la fruta y la verdura fresca, producidos localmente y cocinados en casa. Aumentar la cantidad de verduras al tiempo que se reduce la carne (el consumo de carne está relacionado con el cáncer y la producción de carne implica un enorme gasto de agua). Mantenerse activos y hacer ejercicio físico de forma regular.

Si nos organizamos en grupos podemos hacer más. Quienes viven en una zona rural pueden dedicarse a la producción local de alimentos y aplicar las normas de la agricultura ecológica (evitar fertilizantes químicos y pesticidas, usando estiércol y compost).

Quienes viven en una zona urbana pueden crear una asociación de consumidores para comprar directamente de las granjas locales que apliquen los principios ecológicos. Esto facilitará precios justos tanto para los consumidores como para los agricultores; y reducirá para estos últimos el mayor riesgo empresarial que supone la agricultura ecológica.

La creación de redes a nivel nacional y mundial puede hacernos participar en la promoción de campañas de salud pública y educación alimenticia, pero sobre todo es necesario impulsar políticas públicas que regulen la producción y comercialización de los alimentos menos saludables. La literatura científica muestra que los programas de promoción de la salud no abordan las causas sociales y económicas subyacentes de la epidemia de obesidad y que los abordar el problema desde un punto de vista legistlativo (como prohibir alimentos altos en grasas y azúcares en los comedores escolares, regular estrictamente la comercialización de alimentos poco saludables, o usar medidas fiscales para desincentivar el consumo y la producción de alimentos poco saludables) en general, muestran una mayor rentabilidad que la promoción de la salud.

No hay responsabilidad social sin un fuerte control social

Las empresas multinacionales controlan gran parte de lo que comemos. El control social de la industria alimentaria, como la participación en redes de monitorización, es otra posibilidad para trabajar por la salud pública. La industria es extremadamente sensible a la presión social que pueda poner en riesgo sus beneficios y pueden responder a las preocupaciones de salud pública y demandas de los consumidores para cambiar sus productos y ofertas

Hoy en día las empresas suelen afirmar su Responsabilidad Social Corporativa, pero sin un fuerte control social de la sociedad civil, lo cual puede ser sólo otra manera de atraer a los consumidores mostrando la cara amable de la compañía, mientras se perpetúas las malas prácticas y la comercialización de alimentos poco saludables. Con demasiada frecuencia, la industria alimentaria resiste a los intentos de las instituciones públicas nacionales e internacionales para modificar las prácticas actuales a través de cambios legislativos. Empresas con el tiempo superan la regulación mediante estrategias de marketing, o simplemente sacrifican sus beneficios en los países industrializados para centrarse en los países en vías de desarrollo, donde la respuesta de la sociedad institucional y civil es a menudo débil, pero el daño social puede ser aún mayor.

El modelo general de desarrollo es la amenaza

Como se puede ver la obesidad y las enfermedades crónicas comparten una causa subyacente de muchas otras amenazas a la humanidad y este es el modelo general de desarrollo en que vivimos. Los jóvenes son los más capaces de tener una visión de futuro, pero para ser eficaces se debe aprovechar la experiencia de las generaciones anteriores y las lecciones aprendidas. La obesidad es otro buen indicador de la necesidad urgente de un cambio paradigmático del modelo de desarrollo actual. Para ello, reduzcamos las desigualdades, aumentemos al máximo la salud en lugar de aumentar los beneficios; promovamos y mantengamos el conocimiento local, la producción local y el consumo local, ¡y disfrutemos de nuestro intercambio de experiencias con los demás!

Eduardo Missoni

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  1. #1 por Precious el julio 2, 2013 - 10:33 pm

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