Una marcha por la Paz y la Hermandad


El Domingo, 25 de septiembre cerca de 200.000 personas – de todas las edades jóvenes o de espíritu joven – asistieron a la 50 ª edición de la “Marcha por la Paz y la fraternidad entre los pueblos.” Caminaron juntos desde Perugia hasta Asís, la ciudad medieval donde San Francisco fundó la orden religiosa, cubriendo la distancia de 25 km con sus banderas, sus canciones y sobre todo el deseo de construir un mundo diferente un mundo de justicia social y la paz.

Al final del evento, los caminantes han lanzado un nuevo llamado por la paz y la fraternidad entre todos los pueblos, citando el artículo I de la Declaración Universal de Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos a los otros en un espíritu de hermandad“.

 

La hermandad de las naciones se basa en la dignidad, los derechos fundamentales y la ciudadanía universal, igual de todas las personas que componen las naciones. Los derechos humanos son las necesidades vitales de cada persona. Ponen en entredicho los objetivos de los políticos reclamando medidas concretas para garantizar “los derechos humanos para todos”, a nivel nacional e internacional. El reto es llevar a la práctica el principio de la interdependencia e indivisibilidad de los derechos humanos – civiles, políticos, económicos, sociales y culturales – y redefinir la ciudadanía en términos de inclusión, no de rechazo.

Caminata por la Paz y la fraternidad se basa en seis principios:

  1. Abandonar el concepto de la seguridad militar en favor de la seguridad humana. La transferencia de los 1,5 billones de dólares en gasto militar anual (2009) en programas de lucha contra la pobreza y el hambre, el cambio climático, el desempleo, el crimen organizado y la corrupción.
  2. Dejar de dar prioridad a la economía, sino más bien darle a la gente y la gente que lucha por su dignidad, sus derechos y el acceso a responsabilidades.
  3. Adoptar no-violencia activa en Italia, Europa y en todo el mundo como el principal medio para luchar contra toda forma de injusticia, y trabajar para lograr una sociedad más justa.
  4. Para que reine la paz, debemos invertir en la solidaridad y la cooperación en todos los niveles. La lógica perversa de los llamados “intereses nacionales” del mercado, la ganancia y la competencia global empobrece y destruye el mundo. La solidaridad entre los pueblos, naciones y generaciones, una vez que deseable, se ha convertido en indispensable.
  5. No hay paz sin una política de paz y justicia. Italia, Europa y el mundo necesita con urgencia una nueva cultura política de la no-violencia basado en los derechos humanos. Más se agrava la crisis política, más tenemos que desarrollar una conciencia de responsabilidad compartida: un nuevo valor político y cívico que se necesita.
  6. Si de verdad queremos la paz, tenemos que construir y difundir una cultura de paz positiva. El primer objetivo es educar para la paz.

Basándose en estos principios, los manifestantes asumieron los siguientes compromisos:

  1. Asegurarse sobre todo el derecho a la alimentación y el agua. Es intolerable que la especulación financiera sobre la privatización del agua ni comida impone el sufrimiento en las personas.
  2. La promoción del trabajo decente para todos. Mil doscientos millones de personas sufren terribles condiciones de trabajo. Otros 250 millones están desempleados. 200 millones de personas emigraron a encontrar uno. Más de 12 millones son víctimas de delitos y se ven obligados a trabajar en condiciones inhumanas. 158 000 000 niñas y niños son sometidos a trabajos forzados. Es necesario restaurar la dignidad del trabajo para los trabajadores, jóvenes y viejos, todo el mundo.
  3. El mundo debe invertir en la juventud, la educación y la cultura. Un país que no hace y no se prevé un espacio creativo para los jóvenes es una nación sin futuro.
  4. Desarmar la financiación y construir una economía basada en la justicia. Las finanzas internacionales, en la ausencia de control, lo que socava las prioridades políticas y provoca un aumento espectacular de la pobreza. La primacía de la política sobre la financiación debe ser restaurada. Para reducir las desigualdades sociales, las transacciones financieras deben someterse a imposición, la corrupción y la evasión de impuestos reducidos y redistribuir la riqueza.
  5. Repudiar la guerra y reducir el gasto militar. Promoción y defensa de los derechos humanos, invertir en la prevención de conflictos, soluciones no violentas a los conflictos, promover el desarme, la lucha contra el tráfico y reducir el tráfico de armas y el gasto militar, y luego convertir la industria de las armas . Esta es la mejor forma de garantizar nuestra seguridad.
  6. Defender el bien común y el planeta. Si no aprendemos a proteger y gestionar adecuadamente el patrimonio de la humanidad que tenemos, como el aire, agua, energía, y la tierra, no habrá paz ni seguridad para nadie.Hay una necesidad urgente de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, mientras que la introducción de nuevas tecnologías ecológicas y las nuevas formas de vida que ya no se basan en el individualismo, la mercantilización y el consumismo.
  7. Promover el derecho a una información libre y plural. Proporcionar información objetiva, varios puntos exhaustiva, imparcial e ilustrando centrada en la vida de las personas y las personas es un prerrequisito para la libertad y la democracia. La libertad de información requiere una participación plural en la vida y las decisiones de la comunidad, promueve la comprensión de los fenómenos complejos de nuestro tiempo, que fortalece el diálogo, que ayuda a construir puentes entre civilizaciones, culturas ydiferentes visiones del mundo, y contribuye a la difusión y el fortalecimiento de la cultura de la paz y los derechos humanos.
  8. Que la ONU sea la casa común de la humanidad. Todas las Naciones Unidas, las Naciones Unidas para todos. Los gobiernos deben ponerse de acuerdo para democratizar y fortalecer las Naciones Unidas por la concentración de recursos y conocimientos para hacer frente a urgentes a nivel mundial clave social y ambiental.
  9. Invertir en el desarrollo de la sociedad civil y la democracia participativa. Sin una sociedad civil activa y responsable y la cooperación entre la sociedad civil y las instituciones a todo nivel, ninguno de los problemas de nuestro podría resolverse. Fortalecimiento de la sociedad civil y la promoción de la democracia participativa es una de las más concretas para superar la crisis de la política, la democracia y las instituciones.
  10. Construir una sociedad inclusiva y abierta. El futuro está en el encuentro con los demás y en las relaciones basadas en los principios de igualdad y respeto por el bien común. Practicar el respeto y el diálogo entre religiones y culturas enriquece y fortalece la cohesión de nuestras comunidades.

Estos principios son en gran medida el mismo que nos encontramos en Indaba-Network, así que vamos a correr la voz y los convierte en una práctica cotidiana en nuestras comunidades y en nuestra lucha común como ciudadanos activos y responsables del mundo.

Eduardo Missoni

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