Archivos para 23 mayo 2011

Ética, ciudadanía y democracia


Edgar MorinEn su último libro La Voie. Pour l’avenir  de l’humanité –El camino. Por el futuro de la humanidad– (Editions Fayard, enero 2011), Edgar Morin, un reconocido sociólogo francés, que se define a sí mismo como “un pensador transdisciplinario e indisciplinado”, hace hincapié en la fragilidad de la democracia y del esfuerzo tremendo, eterno, constante y posiblemente intergeneracional que es necesario para consolidarla. La democracia no se trata puramente de elecciones libres, ni tan solo de separar los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; se basa necesariamente en el debate abierto, la libertad de expresión, la pluralidad de ideas y creencias, así como en el respeto por los derechos individuales y colectivos. Pero, para prosperar, la democracia debe alimentarse de una ciudadanía activa y participativa.

Juventud y Democracia
Grupos organizados de gente, jugando un papel activo en sus comunidades locales, pueden influir significativamente en la toma de decisiones. Para establecer y consolidar una democracia es fundamental una juventud comprometida y visionaria, abierta al pensamiento crítico. Además, en un mundo globalizado, el activismo local necesita estar constantemente asociado a la conciencia mundial, porque los eventos globales tienen un impacto directo en su ámbito local y viceversa. Por ejemplo, la destrucción de los bosques en el Amazonas o en Indonesia está afectando el clima globalmente. Sin embargo, nosotros mismos contribuimos con la destrucción de los bosques con el consumo despreocupado de papel, así como con nuestra dieta basada en exceso de carne.

Ampliar nuestros horizontes
Como “ciudadanos del mundo” tenemos que desarrollar la capacidad de trascender los enfoques localistas y comprometernos con los problemas globales. El primer paso, en cualquier caso, es ampliar nuestro horizonte, pensando en el “nosotros” antes que en el “yo”, siendo inclusivos antes que exclusivos y considerando los efectos de nuestras decisiones y comportamientos en los demás. ¿Cuál va a ser la contribución de mis actos al bien común? ¿Quién se beneficiará y quién padecerá por ellos? Preguntarnos a nosotros mismos estas preguntas y decidir  perseguir el bien común constituye la base para un comportamiento ético, responsable, y para una sociedad verdaderamente democrática.

Un pensamiento crítico, la mente abierta, una actitud para compartir, una participación activa, la pluralidad de opiniones y el respeto por las reglas acordadas, son también pilares de la democracia y del buen gobierno en cualquier organización, desde un pequeño grupo de amigos compartiendo una iniciativa local hasta instituciones más grandes, estructuradas, a nivel mundial.

La democracia en vuestra organización local
¿Son estos principios los pilares de vuestra organización? En tu grupo, ¿tenéis debates abiertos donde todos los puntos de vista pueden ser expresados libremente para ser tomados en consideración? ¿Trabajáis sobre reglas acordadas previamente que son aplicadas y respetadas? ¿Se toman las decisiones con transparencia y con la participación de todos los miembros del grupo? ¿Alguien es discriminado o excluido en el proceso de la toma de decisiones? ¿Y se toman las decisiones persiguiendo el bien común de tu grupo, tu comunidad local y el mundo entero?

La responsabilidad y la solidaridad son el origen de la ética, y ambas deben orientar a las organizaciones y la sociedad como un todo. De hecho, Morin señala: “La regeneración de la ética no puede separarse de la regeneración de la ciudadanía, y ésta no puede disociarse de una regeneración democrática”.

Por Eduardo Missoni

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